Todos tenemos uno. Ese bicho que nos hace pegar un salto a la silla, subir los pies al sillón o arrancar a perdernos. Murciélagos, arañas, ratones, serpientes, sapos, lombrices, moscas: la lista de "los que dan miedo" o "los que dan asco" es larga y, casi siempre, muy injusta.
Porque la Naturaleza no funciona con un concurso de belleza simpatía. Funciona con EQUILIBRIO y, buena parte de éste, descansa sobre los hombros (o las alitas, o las patitas) de los animales que menos agraciados y que menos queremos tener cerca.
Hoy te invitamos a mirarlos con otros ojos.
Murciélagos: los guardianes de la noche
En Chile hay poco más de una decena de especies de murciélagos, y casi todas se alimentan de insectos. La única excepción es el piuchén (Desmodus rotundus), el único murciélago que se alimenta de sangre en Chile; vive en el norte y centro del país y es la excepción, no la regla.
Los murciélagos son controladores de plagas nocturnos que, como colonia, comen miles de insectos cada noche, mosquitos y polillas incluidos.
Además, polinizan flores y dispersan semillas. Por ejemplo, en México, los ágaves con los que se hace el tequila dependen de ellos.
Sin murciélagos, el cielo nocturno sería un buffet libre para los insectos.
Arañas: las reguladoras silenciosas
Si todas las arañas del mundo se pusieran de acuerdo en dejar de comer, tendríamos un problema serio: se estima que consumen cientos de millones de toneladas de insectos al año. Son el control biológico más eficiente que existe, sin químicos y por el bien de todos nosotros.
La inmensa mayoría de las arañas que vemos en la casa y el jardín son inofensivas y están ahí haciendo su trabajo: atrapar la mayor cantidad de moscas, zancudos y pulgones.
Ratones: los jardineros del bosque
Cuatro de cada diez especies de mamíferos del planeta son roedores, y no es casualidad: hacen demasiadas cosas importantes como para no estar en todas partes. Chile tiene decenas de especies propias, como el ratón oliváceo, uno de los más abundantes y extendidos del país. Viven en bosques, matorrales, desiertos y cordilleras,
Son el plato fuerte de media cadena alimentaria. Zorros, lechuzas, güiñas y culebras dependen de ellos. En Chile central, por ejemplo, la dieta principal de los zorros son los roedores. Si los ratones nativos faltan, los depredadores se quedan sin comida.
Además son jardineros del bosque. Al comer y transportar semillas, algunas quedan enterradas y olvidadas, y germinan lejos del árbol madre. Además, muchos se alimentan de hongos subterráneos y dispersan sus esporas en las fecas.
Son ingenieros del suelo. Sus galerías airean la tierra, ayudan a que el agua se infiltre y mezclan la materia orgánica: hacen, a pequeña escala, un trabajo parecido al de las lombrices.
Serpientes: aliadas de la cosecha
Ninguna culebra chilena tiene veneno peligroso para las personas, cada una de ellas se come una cantidad enorme de roedores, protegiendo cultivos y bodegas. Sin serpientes, las poblaciones de ratones se disparan.
Y hay más. De la ciencia de los venenos de serpiente nacieron medicamentos que hoy usan millones de personas, como ciertos fármacos para controlar la presión arterial.
Lo que da miedo en la Naturaleza suele terminar salvando vidas en la farmacia.
Sapos y ranas: los termómetros del ecosistema
Tienen la piel húmeda y son resbalosos esto debiera darte menos asco ahora que te contamos que los anfibios respiran y absorben agua por la piel, lo que los vuelve extremadamente sensibles a la contaminación: si ellos desaparecen en un ecosistema, es una alerta de que algo anda mal en el agua. Casi 4 de cada 10 especies de anfibios del mundo están amenazadas.
A la vez, son voraces comedores de insectos y alimento de aves, serpientes y mamíferos. En los bosques del sur vive una joya, la ranita de Darwin, cuyo macho incuba a las crías dentro de su saco vocal. Cuesta encontrar algo menos "asqueroso" y más tierno que eso.
Lombrices: ingenieras del suelo
Charles Darwin les dedicó su último libro, y con razón. Las lombrices airean la tierra, descomponen la materia orgánica y la transforman en nutrientes que las plantas pueden usar.
Un suelo vivo, esponjoso y fértil es, en gran parte, obra suya. Cada vez que cuesta menos cavar en un huerto sano, hay que agradecerles a ellas.
Moscas: más que una molestia
Sí, a veces son insoportables. Pero detrás del zumbido hay uno de los grupos más diversos y útiles de la naturaleza: los dípteros (moscas, zancudos y parientes) suman más de 150.000 especies descritas.
Son polinizadoras de primer nivel. Después de las abejas, están entre los polinizadores más importantes del planeta.
Son las recicladoras de la Naturaleza. Las moscas de la carne y otras especies ponen sus huevos en animales muertos, y sus larvas aceleran la descomposición y devuelven los nutrientes al suelo. Lo mismo hacen con fecas y restos vegetales en descomposición. Sin ellas, los ecosistemas se llenarían de materia orgánica sin reciclar.
Son alimento. Los murciélagos, las arañas, los sapos, los peces y las aves insectívoras de las que hablamos más arriba dependen de ellas. Si las moscas desaparecen, se queda sin comida buena parte de la red alimentaria.
Entonces, ¿por qué tenemos miedo?
El miedo es una herramienta antigua: nos ayudó a sobrevivir. Pero hoy muchas veces se alimenta de mitos, películas y desconocimiento, y termina en un chancletazo, un veneno o una colonia destruida. Y cuando desaparece una pieza, las demás se tambalean.
Para convivir mejor:
- Observa antes de reaccionar. Casi siempre el animal quiere alejarse tanto como tú.
- No uses venenos sin necesidad. Matan "la plaga" y también a quienes la controlan.
- Cuida lo que les da refugio: humedales, bosque nativo, troncos caídos, piedras, rincones de jardín sin pavimentar.
- Infórmate sobre las pocas especies que sí requieren precaución, y respétalas desde la distancia.
- Cuéntale a otros. Un prejuicio menos es un animal más a salvo y un ecosistema más equilibrado.
La próxima vez que veas una araña en la pared, un sapo en el jardín o un murciélago cruzando el cielo del atardecer, recuerda: no es un intruso. Es parte de lo que mantiene vivo el lugar que habitas.